Monday, December 4, 2006

La transformación de un cuadro deprimente.

Era un cuadro deprimente: En esa tarde muy fría de Diciembre, se podría decir que estaba sola...pero a la vez no. Solo estábamos mi sopa y yo, frente a una ventana. Recuerdo bien, que estábamos oyendo canciones viejas que me hacían recordar su nombre...tristemente, creando un mar de lágrimas, tanto así, que mis ojos se habían secado de llorar.
Si, mi sopa, una rara compañía, quizá, pero era lo único que desaba en esos momentos de soledad, frialdad y confusión.
Mientras el vapor caliente rozaba mi rostro, yo observaba una montaña, no muy lejos. Lo único que me separaba de ella, era esa gran ventana. Ella me transmitía un profundo mensaje de libertad, belleza y grandeza, lo cual levantó muchisima curiosidad en ir a ver que estaba del otro lado de la montaña.
Decidí salir, al mundo exterior, aventúrandome y valiéndome por mi misma, y si, naturalmente, tenía miedo. Recuerdo que tenía mucho frío, las manos me dolían, y podía ver el vapor de mi intensa respiración. Solo podía oir, a las tristes hojas que cruelmente iba pisando sin siquiera percatarme de su presencia.

Quería sentir todo, menos tristeza.

No había absolutamente nadie, para que me dibujara una sonrisa, no había nadie para abrazarme, no había nadie, para decirme: te necesito. Me sentía sola, apesar de estar rodeada de muchas cosas; es una sensación rara, indiscriptible, pero muy bien entendida por todos.

Para llegar a la montaña, tenía que pasar por un pequeño vado, en el cual había dos personas hablando, veía como esos dos buenos hombres se acercaban, con buenas intenciones de ayudar.
Ahora era un cuadro de compañía, que tontamente rechacé. No quería una ayuda externa, quería que mi familia me notara. Pensaba que sola podía cambiar ese cuadro y llegar al otro lado de la montaña.

No habia salida, era regresar a la opresión o ir hacia la libertad, no había marcha atrás.

Empecé a pensar en cuales eran las razones de este sentimiento no muy común en mi, generalmente, estaba feliz, lo tenía todo, pero depronto el invierno llegó, las hojas muerieron y calleron, asi como mi alma. Ahora un cuadro desalentador, había tomado lugar en mi mente.

¡Oh!, sin darme cuenta ya estoy ahí, justo en medio en la parte más baja de la montaña. Era mucho más grande de lo que pensaba. Era un nuevo inicio...al menos así lo quise ver. Seguía sola...pero a la vez no, ahora, solo estabábamos mi sopa, la montaña y yo. Recuerdo que estábamos oyendo canciones viejas, pero ahora...esas que me hacian recordar todo lo bueno que había olvidado.

De alguna manera desperté y resucité.

Volví a la vida, gracias al poder del amor, sintiéndome redimida. Aun no sé como pasó. Curiosamente del otro lado de la montaña, ahora las cosas tenían sentido, convierténdose en un cuadro alentador.


2 comments:

Arkaham 3:16 said...

Un escrito muy alentador.
Dentro de su tristeza, se desarrolla hacia la esperanza, y la esperanza es algo que nunca se debe perder de vista... incluso no debe dejar de tocarse.
:)

Victor said...

pues si, un escrito algo triste, aunque como dice arkaham, dentro de lo malo siempre hay algo bueno, nunca hay que perder la esperanza
bueno Michelle a mi tambien me duelen las manos y no puedo escribir mucho :S pero tu sabes todo lo que quiero expresar y asi
bueno nos vemos!
cheers
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Pp VcTr